Entrevista a Beatriz Busaniche*

Dialogamos con la especialista sobre el marco jurídico y la historia del derecho de autor y su incidencia en las industrias culturales, y también sobre los nuevos problemas y oportunidades que surgieron con las nuevas herramientas y plataformas digitales.

UNA NORMATIVA EN CRISIS  

Los principios básicos del derecho de autor fueron acuñados en el siglo 19 con la convención de Berna, el tratado internacional que armoniza el derecho de autor a nivel global y que está incluido dentro de los acuerdos internacionales de la OMC (Organización Mundial del Comercio). Los derechos que se contemplan son derechos monopólicos y exclusivos y están relacionados con ciertas potestades que se adjudican al autor y sus derechohabientes sobre la obra. Entre ellos el derecho de edición, el derecho de copia, de reproducción, de ejecución pública, de autorización o no de obras derivadas y de puestas en escenas. Desde los años treinta hasta incluso los setenta, la única forma de infringir los derechos era si vos te ponías una imprenta y hacías una edición apócrifa, anónima, no autorizada por el autor y el editor. Debías tener capacidad para producir copias en magnitudes industriales para estar alcanzado por la regulación. Con el correr de los años, las tecnologías que permiten las copias se fueron haciendo más económicas, más masivas, de modo tal que esta ley comenzó a ser infringida por cualquiera persona. En este escenario se reabre una vieja discusión sobre los derechos de autor, el copyright y todo lo vinculado a la propiedad intelectual. Las regulaciones de propiedad intelectual tienen un objetivo de utilidad social, y deben ser entendidas como una política pública que se propone el desarrollo de las artes, las ciencias y la innovación. Por eso, si las condiciones de circulación de la obra han cambiado tan radicalmente, habría que ver si esta política sigue cumpliendo con el objetivo primigenio, o si por el contrario hay que replantearla. Y en líneas generales, la discusión debería pasar por la cuestión de si se generará una regulación para los simples mortales o una regulación para la industria. Me inclino por lo segundo y ese sentido me pregunto: ¿cómo debe ser esta legislación para cumplir con ese objetivo de promover la diversidad cultural? ¿Cómo se soluciona el problema de que muchos autores no logran en toda su vida poder vivir de su trabajo? Son muchos los temas abiertos y no necesariamente puestos en blanco sobre negro.

 

"Hay una suposición muy errónea de que internet no está regulada, como si fuera otro planeta. Si bien la legislación no habla en sí de internet, está claro que penaliza a quienes se dedican a copiar, reproducir, ejecutar públicamente, o hacer una obra derivada."

 

EL PARADIGMA DE LA COPIA Y LA REPRODUCCIÓN   

El panorama que se plantea tiene que ver con un cambio muy importante en las condiciones de posibilidad de copia de la obra, que incluso cambiaron algunas pautas de consumo. Los que pasamos los cuarenta, y más los que pasaron los cincuenta, recordarán que en su adolescencia se juntaban con los amigos a escuchar un disco que alguien había podido traer de algún lado porque acá no se conseguía. El cambio tecnológico lo que hizo fue poner en las manos de los consumidores una posibilidad de acceso antes inaudita. Por ejemplo, buscar una película en torrent que nunca se estrenó y que probablemente nunca se vaya a estrenar, para verla cuando quieras en tu casa. Y el cambio radical está dado por la posibilidad de acceso y por lo que se puede hacer con la obra. No es solamente la posibilidad de integrarse a una red de pares y conseguir la música que uno quiera escuchar, sino también de modificar, publicar, etc. Y todo esto pone en jaque los derechos de autor. También es necesario aclarar que este conjunto de posibilidades no constituyen un fenómeno nuevo, sino que más bien se trata de algo facilitado y visibilizado por la digitalización. Mucha gente cree que el fenómeno del fanfiction es nuevo, pero en realidad viene de la década del setenta con los primeros fans de Stark Trek y de la ciencia ficción, con la diferencia de que en ese momento se imprimía un fanzine que tenía una circulación muy limitada. Pero ya existía una cultura de la resignificación de los personajes, la vuelta de tuerca de la historia, etc.

LA LEGISLACIÓN EN INTERNET   

Hay una suposición muy errónea de que internet no está regulada, como si fuera otro planeta. Si bien la legislación no habla en sí de internet, está claro que penaliza a quienes se dedican a copiar, reproducir, ejecutar públicamente, o hacer una obra derivada. Es decir, quien hace eso está infringiendo una ley, pero por supuesto no hay ningún fiscal que siga a esos usuarios, salvo en algunos casos, como el juez que mandó a bloquear el sitio de descargas The Pirate Bay por una iniciativa de CAPIF (Cámara de Productores de Fonogramas y Videogramas). La industria no es idiota y por algo ha hecho negocios millonarios durante años, pero sus iniciativas de búsqueda de nuevos modelos todavía no han podido competir con el acceso ilegal porque lo que hace es complejizar la situación con controles técnicos y una vigilancia muy antipática. Por ejemplo, en el caso del libro electrónico se tiende a controlar lo que el usuario hace con el documento al impedir que le cambie el formato y la plataforma. Incluso ha pasado que Amazon borró de los dispositivos libros que ya habían sido vendidos porque tenía un problema contractual y estaba flojo de papeles. Imaginate que vos estás en tu casa, con un kindle, y de golpe un libro que te habías comprado desaparece del dispositivo.

 

"El sistema de propiedad intelectual se ha ido de madres. Mientras la tecnología avanzaba y facilitaba cada vez más el acceso, hubo una arremetida por parte de las industrias del entretenimiento y una expansión de sus derechos monopólicos en el tiempo y en amplitud."
 

UNA INDUSTRIA CADA VEZ MÁS EXPANSIVA

Cuando una ley deja de cumplir el rol de servicio público creo que es legítimo violarla. Por ejemplo, es legítimo que una biblioteca copie libros cuyos ejemplares impresos estén en malas condiciones, que los estudiantes fotocopien los libros que necesitan para estudiar, que los amigos puedan compartir canciones. Creo que compartir es legítimo y además es un principio que está amparado por el derecho del libre acceso a la cultura, que tiene rango constitucional y es uno de los menos reivindicados. El sistema de propiedad intelectual se ha ido de madres. Mientras la tecnología avanza y facilita cada vez más el acceso, hay una arremetida por parte de las industrias del entretenimiento y una expansión de sus derechos monopólicos en el tiempo y en amplitud. Desde el origen de lo que se pensó como propiedad intelectual, hasta lo que tenemos hoy todo ha sido una carrera expansionista en la que no se ha debatido el bien público, no se ha puesto sobre la mesa el derecho de acceso porque siempre los beneficiarios de estas leyes han ido al congreso a pedir cada vez más. Y esto impide que muchas obras pasen a dominio público hasta después de mucho tiempo. La ley de 1910 contemplaba diez años post-morten, la de 1933, treinta años, porque se dejaba para el usufructo de los herederos. En la Convención de Berna son cincuenta años. Tengo un ejemplo muy ilustrativo de esto con un chico que fue alumno mío. Hizo un corto sobre temática gay y le puso música de Madonna y lo subió a YouTube para compartirlo con el jurado de un concurso, e inmediatamente el sitio le sacó la música porque según la legislación violaba la propiedad intelectual. Pero el diálogo y la reelaboración a partir de una obra es parte del derecho de participación en la cultura.

 

"No creo en la promesa democratizadora de internet, me parece una tecno-utopía ingenua."

 

CONVERGENCIA Y NUEVOS AMOS  

Todo lo que tiene que ver con la convergencia en el mercado de la industria del entretenimiento, está relacionado con quién va a ser el nuevo amo. Entonces está la disputa entre el sector tecnológico y el de las industrias del entretenimiento. ¿Quién fue el que primerió con todo esto? Cuando Apple salió con su iTunes lo que hizo fue decirle a la industria: “Miren que acá, ahora, mando yo”. Hay un pleito de intereses, una pelea de Goliat contra Goliat donde los que se terminan perjudicando son los usuarios. Este conflicto tiene que ver con quién se queda con la torta. Más tarde o más temprano, cuando la cosa más o menos se defina, se terminará perjudicando a los ciudadanos porque a ninguno de los que se está peleando le conviene el peer-to-peer y que los torrents circulen libres. Y en esta contienda los autores son los patos de la boda, ya que son usados para justificar posiciones retrógradas. Siempre digo que muchos autores padecen el Síndrome de Estocolmo con la industria al pensar que hay una línea que separa a la industria y los autores por un lado y a los usuarios y los “piratas” por el otro. Pero si siguen buscando permanecer guarecidos en la boca del tiburón no van a lograr nada. Y de parte de los ciudadanos no hay posibilidad de disputar esta hegemonía cultural, al menos en términos de romanticismo. No creo en la promesa democratizadora de internet, me parece una tecno-utopía ingenua. En lo que sí creo es en que debemos seguir dando una disputa, porque mientras se pelean los grandes los más chiquitos podemos aprovechar.

 

* Beatriz Busaniche es Licenciada en Comunicación Social y Magister en Propiedad Intelectual. Vocera de Fundación Vía Libre y líder pública de Creative Commons Argentina.

 
 
  1. Especialización

AGENDA